PAPA NOEL
martes, 11 de noviembre de 2014
lunes, 10 de noviembre de 2014
HISTORIA DE PAPA NOEL
Hoy en día, el principal protagonista de la fiesta de
Navidad, no es Jesús, de quién se festeja su nacimiento, sino ese gordito
regalón al que llamamos Papá Noel en el mundo hispanoparlante. Veamos un poco
de su historia para saber de dónde viene el nombre de este regalador
empedernido, y cómo fue que terminó siendo un viejecillo rubicundo y simpático
de risa fácil.
Seamos sinceros, el que se lleva el protagonismo en los
adornos navideños, en la noche buena y especialmente después de medianoche, es
Papá Noel. Es un personaje carismático, que aporta la posibilidad de hacer
regalos, de divertir y maravillar a los niños. Lo obliga al niño Jesús a
compartir el papel protagónico de la Navidad. Pero, ¿quién ese rubicundo
propenso a la carcajada resonante? ¿Por qué se llama Papá Noel?
El nombre con el que lo conocemos en el mundo de habla
hispana proviene de Francia. Desde allí llegó el regalón Padre Navidad que
había entrado en Inglaterra desde Estados Unidos, y desde allí hacia Francia.
En francés noël es navidad, y ellos lo llaman Pere Noël, como en Gran Bretaña
lo llamaban Father Christmas, es decir Padre Navidad. A España pasó mitad en
castellano, y mitad en francés Papá Noel, que desde allí se espació por el
resto del mundo hispano.
San Nicolás, Santa Claus, Papá Noel
La historia de Papá Noel comenzó en el año 280, en
Patara, ciudad del actual sudoeste de Turquía. Allí nació Nicolás, de familia
adinerada, y que tuvo una muy buena educación. Cuando fallecieron sus padres
regaló todos sus bienes y se hizo sacerdote cristiano a los 19 años. Su tío era
el arzobispo de Myra, cuando falleció, le legó su cargo a Nicolás, que este
ejerció hasta su propia muerte en el año 350. Se lo conocía como el obispo de
los niños, por su amor hacia ellos, y por la gran generosidad y amabilidad que
demostraba hacia los niños pobres. Su fama se fue extendiendo, y comenzó a
protagonizar leyendas en la que salvaba a niños en distintas situaciones, y en
otras se dedicaba a dejar regalos a los niños que menos tenían.
Papá Noel, Thomas
Nast Los vikingos lo adoptaron como santo patrono cuando fueron introducidos a
la religión cristiana, y con ellos pasó a Rusia donde se convirtió en santo
nacional a principios del siglo X. Su fama de hacedor de milagros se extendió
por Europa, y ya desde el siglo XIII san Nicolás repartía regalos y juguetes
durante la noche del 5 al 6 de diciembre. Pero la cúpula de la Iglesia quiso
desbancarlo creando a otro personaje tras la Contra Reforma católica
(1545-1563): Christkind, el niño Jesús, que repartía regalos en el día de
Navidad. El avance de la tradición de los regalos del niño Jesús forzó a que
san Nicolás pasara a entregar sus regalos el día 25.
La costumbre de los regalos se esparció por toda Europa,
pero no asociada a San Nicolás, sino al niño Jesús. Pero al gordinflón de barba
blanca y vestido con un traje rojo ribeteado de blanco, que conduce por el aire
un trineo de ocho renos transportando un saco lleno de juguetes, se lo debemos
a las tradiciones holandesas y a los escritores y dibujantes de Nueva York,
EE.UU..
En lo que hoy es Holanda, llamados Países Bajos en el siglo
XIII, San Nicolás nunca perdió protagonismo de regalero de navidad, incluso fue
nombrado santo patrono de Amsterdam. Es gracioso que a los niños que se
comportaban mal, no sólo no les daba regalos, sino que se los llevaba a España,
algo terrible para los holandeses de aquellos tiempos. Los holandeses fundaron
una colonia en América en el siglo XVII, Nueva Amsterdam, específicamente en la
isla de Manhattan, hoy Nueva York. Allí se llevaron a San Nicolás.
Papá Noel de Nast, 1881. La transformación comenzó en el
siglo XIX, luego de que Nueva York pasase a manos de los Ingleses, y luego a
Estados Unidos independiente. El escritor Washington Irving, amante del
folclore europeo, escribió su Historia de Nueva York en 1809, en la que
describe la supuesta llegada del santo cada víspera de San Nicolás. Lo describe
sin ropas de obispo y montando un corcel volador. Fue tan popular a raíz de
este relato que todos, incluso los colonos ingleses, festejaron la celebración
holandesa. El nombre fue derivando de san Nicolás, Sinterklaas o Sinter Klaas,
hasta acabar siendo pronunciado como Santa Claus por los angloparlantes. Para
1835 ya existía una sociedad literaria dedicada a relatar historias de Santa
Claus, donde se le fue inventando la biografía que todos conocemos, como que
dejó el caballo alado por un trineo tirado por renos, que era un tipo alegre y
panzón.
Pero la imagen que todos conocemos la creó el dibujante
Thomas Nast, por encargo de la revista Harper’s, donde salieron imágenes de
Santa Claus desde 1860 a 1880. Nast añadió detalles como el taller en el polo
norte y la vigilancia sobre los niños buenos y malos de todo el mundo. También
le otorgó el color rojo y el vestuario de pieles.
Fue Coca-Cola, sí, la empresa de gaseosas, la que le dio el
último retoque. Para su campaña publicitaria de la Navidad de 1931, le encargó
al artista Habdon Sundblom que remodelara el Santa Claus de Nast. Creó uno más
alto, más gordinflón, más simpático, bonachón, de ojos chispeantes, pelo y
barba canosa. Los colores ya venían de antes, pero pegaban a la perfección con
los de la compañía de refrescos, pero la ropa pasó a ser más lujosa. Ese es el
personaje que llegó hasta nuestros días, que pasó de obispo de una región de
Turquía, al gordinflón que, desde el polo norte, reparte regalos a todos los
niños del mundo.
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